Compras por Internet en Colombia

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Inicialmente, no se tiene información detallada y confiable del producto, en algunos casos las fotografías son deficientes y planas (con un aviso adicional que nos advierte que la imagen no corresponde al original ya que el monitor o pantalla pueden hacerlo ver diferente y que todas las pendejadas que lo adornan, no van).

Luego, los datos  y el pago son recibidos inmediatamente, la confirmación del cobro súper rápido pero de ahí en adelante comienza uno a padecer. Los 3,5 o 7 días de entrega se vuelven laaaargooos. Los números telefónicos son inútiles, no contestan. El Whatsapp no funciona, solo se sabe que lo ven (por la marca azul), el chat nos regresa a la época de la carta, preguntamos pero no sabemos si alguien leyó o aparecen las disculpas pre-escritas Ya te atendemos, tenemos problemas técnicos u otro. Versión que es desmentida por un misericordioso operario del engendro tecnológico que nos dice que atienden en riguroso orden. Terrible o fabuloso, venden mucho o se quejan mucho o lo que es peor, venden mucho y se quejan mucho.

Después de una pequeña discusión con la persona que nos atendió y que no tiene la más mínima culpa, nos llega el bendito aviso con un esperado número para hacerle seguimiento al envío. Ansiosos corremos a internet y consultamos una página que señala que el producto llegó a la oficina de mensajería, que está para despacho, que debemos esperar otro u otros días, entonces le decimos al familiar, amigo-a, vecino, portero o vigilante que puede salir a tomar el sol porque está muy pálido por los ya 8 días sin moverse de la casa o del apartamento esperando la dichosa compra.

Con mucha resignación y con el diablillo colombiano taladrando la consciencia –te robaron– decidimos esperar otros días más.  Y preciso, el momento en el cual estamos en una reunión de trabajo, una conferencia o en un banco suena el celular, miramos el número, nos es desconocido, abortamos la llamada, pero vuelve a sonar, bajamos el volumen y lo colocamos en vibrador y sigue intentando entrar la llamada. Entonces salimos del lugar,  ponemos cara de pastel para que los otros no se sientan incomodos o pedimos que nos guarden la fila o la silla y procedemos a contestar:

Alo, ¿Pedro, Pedro Gizalez,?… Si soy yo… Ahhhh bueno, soy Rápido Piragauta de Ultrarapidisimo, patrón es que estamos aquí para entregarle su pedido ¿usted está ahí? Aunque la respuesta parece obvia, pero no la damos, preferimos preguntar ¿dónde es aquí? Ahhhh patrón es que estamos en la empresa, en Usme y queremos saber ¿si sumerce está ahí para entregarle el envío?, le aclaramos que nuestra dirección está en la calle 270 con 7ª.,  y que ahí, hay alguien dispuesto, ya no tan pálido, a recibir la compra. Ahhhhh, bueno entonces como usted es el último estaremos llegando por ahí a las 10 de la noche ¿Nos esperan patrón? … Sí, claro. Nuestra respuesta suena más falsa que propuesta de político pero qué más podemos hacer. Le sumamos una trasnochada a la ya larga espera.

Llegan las 10 y nada, 11 de la noche y suena el timbre. Hay un paquete para usted. Por fin llegó. Firmamos algo que el mensajero nos alcanza, con el sueño que nos invade no sabemos si es un cheque, un recibo o algo así y nos entrega una caja de tamaño descomunal, en nuestro imaginario tenemos un objeto de tamaño mediano, no tan grande como esa caja. La recibimos y nuestra curiosidad nos lleva a destapar la compra. Otra obra titánica, el producto que está al interior de la caja cuenta con un protector plástico que tiene bolitas de aire, 2390 vueltas de vinipel y medio rollo de cinta de empacar que lo envuelven, sin embargo la curiosidad no nos deja tranquilos y le quitamos todo ese envoltorio. Una vez, nuestra compra  ya sin caja, plástico, vinipel y cinta se ve en su cruda realidad, un pequeño objeto que no es como lo vimos, no se ve tan fuerte ni tan fino y menos tan útil como nos lo imaginábamos. Nos llega la idea de pedir cambio, devolución, reintegro, indemnización… Pero el solo hecho de pensar que en caso de devolución debemos caminar en vía contraria todo este calvario, que de si bajada fue así, de subida cómo podría ser, nos hace desistir de la idea. Y decidimos proteger nuestra salud, vale más una arteria que comprar por internet.

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